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Un Testimionio Urbano de Elio 'El Carioca'

Me preguntó de qué equipo de fútbol de Brasil era hincha. Le dije que del Santos, el equipo de Pelé, el gran jugador brasilero de fama universal. Indudablemente estando en Brasil, no hay forma de evitar el tema del fútbol, aún entre pastores. Me refiero a Elio Ribeiro, el “carioca” , uno de mis estudiantes durante un último curso de maestría que enseñé en la Facultad Nazarena, en Campinhas. 
Una de las noches me lo encontré en la biblioteca, tratando de completar uno de sus trabajos del curso en cuestión – Estrategias Contemporáneas de Misión Urbana. La tarea tenía que ver con el rol inspirador de la visión para construir una realidad diferente, a partir del estudio de la imaginación profética y la escatología cristiana y que se reflejaba en la llamada literatura utópica, producida también por connotados teólogos y pensadores cristianos, como San Agustín (La Ciudad de Dios) o Tomás Moro (Utopía). 
Dejando aparte por un momento el tema, me comenzó a compartir algo de su testimonio como pastor de una de las Iglesias del Nazareno en Río de Janeiro, ciudad grande, antigua capital del Brasil, y con todas las problemáticas y desafíos de las urbes modernas de nuestros tiempos. Prácticamente había sido enviado a abrir una iglesia en un suburbio pionero, y al iniciar contaba con menos de una decena de miembros. Actualmente, luego de unos 10 años – me dijo – contaba con una congregación de unos 600 miembros aproximadamente, predominantemente de jóvenes. En los primeros momentos, cuando estaba buscando la dirección de Dios acerca de cómo levantar su iglesia, dice que una noche tenía que pasar nuevamente por una de aquellas zonas donde se concentran personas buscando diversiones o placeres, zona que siempre le preocupaba en términos de su seguridad, así como que le generaba un natural rechazo por los estilos de vida tan distantes de la vivencia cristiana. Pero esa noche, luego de pasar la zona, comenta Elio que sintió una gran inquietud y una carga especial en su corazón, y percibió un indicativo del Espíritu de volver a dicho lugar. Al volver, dice que tuvo una experiencia especial, al captar a la gente que allí pululaba con otra mirada, la mirada compasiva de Dios, y escuchar Su voz que le decía, de aquí va a salir tu congregación. Es así que Dios lo llevó a evangelizar esa zona, y muchos miembros de su congregación salieron de esas jornadas de trabajo misional en medio del bochorno citadino. Indudablemente, Elio ilustraba muy bien con su vida y experiencia, algo de la esencia o espíritu de la materia bajo estudio.


Dos días después en el  salón de clase,  esta vez, con Elio exponiendo su tema de esperanzas y visiones desde la perspectiva del Reino de Dios. Luego de revisiones históricas y literarias… Elio terminaba con la propuesta de una “utopía necesaria” por la cual luchar y que no era otra cosa que una invitación al compromiso transformador de su ciudad por el poder de un evangelio  real:  ….”sueño con una ciudad donde no exista hambre…donde la salud pública se ejerza de manera humanizada …donde todos tengan donde morar  decentemente…donde no haya polución ni destrucción  del medio ambiente…donde no haya nadie que venda o que consuma drogas…donde no haya violencia y la gente viva en paz…(otros anhelos)..” y terminaba  “¿Cuál es la ciudad ideal por la que queremos luchar aquí y ahora en nombre de Cristo? “          H. Fernando Bullon     


Se Llama “carioca” a un poblador de Río de Janeiro